No os perdáis el ensayo de FJ Sanz, autor de novelas de fantasía épica como Ojos de Jade, Legado de Sombras y de la controvertida Donde Reside el Honor, en el que habla sobre la teoría Queer aplicada a los mundos de Ficción.

Una lectura más que recomendada.

¿Existe literatura Queer en el ámbito de la Ficción?

La respuesta es sí, sin duda. Y aquí os presento las tres novelas que conforman la saga de fantasía épica Ojos de Jade: Syntyma (Ojos de Jade 1, ya a la venta), Naamari (Ojos de Jade 2) y Kylma (Ojos de Jade 3), ejemplos Queer de lo que afirmo.

Ahora bien. Si no tienes muy claro en qué consiste la Teoría Queer, te animo a continuar leyendo.

Escenario Queer actual

El lector habitual que acude al estante marcado como Fantasía de su librería favorita no tiene demasiadas dudas sobre lo que encontrará cuando abra un libro al azar y lancé un rápido vistazo a sus páginas: magia desatada, poderosos dragones, castillos inexpugnables, nobles caballeros, diestros elfos, seductores vampiros y combates a espada. Después, en virtud de sus preferencias personales y dependiendo de a qué escritor en particular siga, se centrará en sagas más o menos extensas, tramas de diversa complejidad o estilos concretos. Pero, si no en todos ellos, sí en la inmensa mayoría, descubriremos que la heterosexualidad (por el común denominada normalidad) de sus personajes se muestra como una realidad inamovible.

Ilustración de Dyreah, protagonista de Ojos de Jade. Regalo de una lectora
Ilustración de Dyreah, protagonista de Ojos de Jade. Regalo de una lectora

Quizá, en autores audaces, no temerosos de pulsar una nota discordante, aparezca algún que otro personajillo secundario, de trascendencia casi vestigial, cuyo único objeto sea el de impactar al lector con alguna inesperada escena de dudosa moralidad, o mostrar los instintos más bajos del ser humano.

¿Por qué no habría de ser así? A fin de cuentas estas criaturas supletorias sirven para sobrecogernos, excitarnos, sonrojarnos o hacernos reír.

Lesbianas, gays, bisexuales o transexuales. En definitiva Queer.

No importa, porque apenas son una minoría los lectores que puedan identificarse con ellos. Aún menos, si consideramos que estos personajes son despiadadamente demonizados o caricaturizados hasta límites que rozan el absurdo.

Existe, sin embargo, un género muy concreto, casi un santuario, que las modas del momento han permitido no sólo que se exhiban sus indecentes personajes, sino que incluso éstos medren y se aúpen al protagonismo, a pesar de sus sórdidos vicios. Hablamos de los vampiros.

Aventuras vampíricas licenciosas. ¿Lo aceptamos como Queer?

En su mayoría escritoras, han descubierto un inagotable filón dando vida (o no-vida) a unos seres oscuros al tiempo que refinados, que no dudan en dar salida a ansias que, en nuestro caso, están profundamente reprimidas, escudándose en la sangre para practicar rituales de índole sexual indistintamente entre hombres y mujeres, en parejas, tríos o nutridos grupos orgiásticos.

Sin consecuencias. Sin escándalos ni manos mojigatas que protejan los ojos ante semejante grado de perversión. Por el simple motivo de que no son como nosotros. Se trata de criaturas de la noche, muertas e impías, y a ellas se les permite todo… mientras no se les confunda con auténticos seres humanos, castos y puros todos ellos.

Sin embargo, esa frágil tapadera se desmenuza entre los dedos en cuanto modificamos el paradigma: ¿y si el trance, la acción, en lugar de tener como protagonistas a dos pálidos y hermosos varones de afilados colmillos y exquisitos modales, discurriese entre dos fieros hombres-lobo? No, no. Entre el exceso de pelo, los espumarajos y los gruñidos, el efecto para el público no sería tan atractivo. Ni que decir tiene si se tratase de dos supuestas mujeres-lobo lesbianas.

Porque no neguemos lo evidente: lo que nos atrae es la belleza, y en cuanto nos proporcionan una oportuna excusa para apartar temporalmente la férrea barrera impuesta por los convencionalismos sociales, nos descubrimos capaces de extraer satisfacción de aquello que se han empeñado en tacharnos de sórdido e impúdico.

Ilustración de Dyreah y un lobo, protagonista de Ojos de Jade. Regalo de una lectora
Ilustración de Dyreah y un lobo, protagonistas de Ojos de Jade. Regalo de una lectora

Una baza importante en este proceso de lavado cerebral sin duda la ha jugado la religión.

La fe como herramienta de subyugación: la teoría Queer y su forzada vinculación a lo impío

Si regresamos a los mundos de Fantasía, donde el estamento clerical goza de un poder más que tangible en la sociedad, no nos resultará extraño que el pueblo (y por ende, los personajes) se vean severamente afectados por este régimen que condiciona sus existencias.

El temor a un violento castigo impulsa sus vidas a seguir una serie de dictámenes que ni entienden ni profesan, pero que de no observar y obedecer a pies juntillas, puede desenvocar en la pérdida de cualquier apéndice corporal, desde la falange del dedo meñique a la propia cabeza, sin olvidar otros atributos más íntimos y personales. Y esto no es más que un reflejo de lo que sucede en nuestro propio mundo. Quizá no aquí, ni ahora, pero sólo tenemos que desplazarnos en el tiempo, o acercarnos a alguna otra cultura, y nos toparemos sin remisión con sentencias de muerte motivadas por el simple amor entre dos personas.

Dos personas, sí. Qué lástima que se trate de dos hombres; o dos mujeres. Gays o lesbianas, poco importa.

Si es Queer debe extinguirse; porque todo cuanto no se comprende, y por ende se teme, ha de ser destruido.

La estadística en defensa de la teoría Queer

Porque si nos basamos en las leyes matemáticas de la probabilidad, si tomamos una muestra de cuatro individuos y los enlazamos de dos en dos, en base a su mera e inalienable genética, su unión estará condenada a ser causa de vergüenza y escarnio público en un 50% y, por otro lado, en otro 50% a obtener su total beneplácito. Incluso una persona bisexual será vilipendiada o públicamente aceptada según los lances de la vida, sin dejar ni por un momento de ser ella misma.

La gran ventaja que ofrece la Fantasía es brindarnos la oportunidad de romper estos muros y experimentar con libertad, sin temor a sufrir daño o provocárselo a otros. Porque es falso, ficticio, irreal, no representa a nada ni a nadie. ¿Entonces, por qué si esto es cierto, nos cuesta tanto dar el paso?

Aunque visto desde la suficiente distancia parezca increíble, no nos olvidamos de procurar un ambiente hostil para aquellos personajes que deciden no sumarse a la normalidad, y esto sucede así teniendo en cuenta que la normalidad en el mundo por nosotros creado es un concepto al que nosotros mismos damos forma a nuestro antojo.

Pero no, nos traemos nuestro propio bagaje e impregnamos con él el conjunto de nuestra obra: recreamos un entorno propio del medievo europeo, aunque carente de la mácula de la insalubridad de la que hizo gala nuestra historia; adjuntamos razas míticas que proporcionen algo de color al apagado gris de la Humanidad; o destilamos pura magia, una fuerza capaz de contravenir todas las leyes dictadas por la naturaleza. Y aún así seguiremos empeñados en que el caballero ha de rescatar a la princesa. Aunque los pintemos de ogros.

Porque lo diferente, lo Queer, en el fondo nos da miedo.

Ilustración de Dyreah, Ravnya y Tarani, protagonistas de Ojos de Jade. Regalo de una lectora
Ilustración de Dyreah, Ravnya y Tarani, protagonistas de Ojos de Jade. Regalo de una lectora

La teoría Queer escapa a la programación impuesta por la Naturaleza

Qué duda cabe que el ser humano es producto de la Naturaleza, y como sucede con cualquier otra de sus criaturas, existen imperativos genéticos ineludibles como la reproducción, que está obligado a cumplir para la necesaria perpetuación de la especie…

Espera, un momento. ¿Ineludibles?

Bien sea porque el ser humano ha evolucionado trascendiendo más allá de lo estrictamente natural, o porque hemos superado un hipotético punto de no retorno y estamos avocados a la extinción, pero resulta obvio que el imperativo genético que nos impelía a reproducirnos a la menor oportunidad ha sido más que superado: parejas que deciden no tener hijos en favor de su carrera profesional o de sus prácticas de ocio; personas que abrazan libremente el celibato respaldados por su fe en filosofías ascéticas o religiosas; o simplemente aquéllos que no renuncian al placer sexual, pero se valen de métodos anticonceptivos para sortear los riesgos propios de la fecundación.

Tomando este último caso en concreto, si las relaciones heterosexuales sin ánimo de engendrar vida están más que aceptadas, ¿qué argumento se considera válido para rechazar las de ámbito homosexual? ¿Nada más que por una mera cuestión de morfología?

Teoría Queer: la Fantasía como vía de escape

En el mundo de Aekhan, continente ficticio donde se desarrollan las aventuras de Ojos de Jade, se da una sutil pero importante circunstancia. Al igual que sucede con la mula (de progenitores caballo y asno) o el ligre (león y tigre), que no son fértiles como cruce entre dos especies distintas, lo mismo ocurre con los vástagos entre humanos y elfos.

Aquí no sucede como en otros mundos de fantasía, donde existen mestizos de 2ª, 3ª y hasta 4ª generación. En Aekhan, los semielfos son irremediablemente estériles.

Pobre desgraciados… ¿Lloramos por ellos? ¿Les imponemos el marchamo de frustrados y fracasados por no poder satisfacer ese dichoso imperativo genético de procrear, que los humanos enarbolamos por bandera, pero que a la postre tan poco nos importa?

Y considerándolo de este modo, ¿si en tal mundo un sádico escritor decidiese elegir como protagonista de su trama a un mestizo de elfo, su obra debería necesariamente ser un drama? Quizá haya llegado el momento de escapar de estos calcificados estereotipos, si no en la vida real, al menos sí en los mundos de Fantasía.

Experimentemos lo Queer.

¿Qué sucede? Si escogemos un libro etiquetado como bélico, volarán las balas hasta de las páginas. Si es de género romántico, de tanto amor nos resultará hasta empalagoso. De pertenecer al drama, todo lo que pueda salir mal, terminará saliendo mal. Si es erótico, prepárate para leer fogosas y muy floridas narraciones. Épica, ejércitos y batallas. Terror, sombríos caserones con sus puertas chirriantes.

Ilustración de Dyreah y Ravnya, protagonistas de Ojos de Jade. Regalo de una lectora
Ilustración de Dyreah y Ravnya, protagonistas de Ojos de Jade. Regalo de una lectora

Pero esto no acaba aquí. Si es de índole gay, tendrás asegurada una buena dosis de: romanticismo, erotismo y su punto de drama, sólo que con la notoria ausencia de mujeres voluptuosas de cimbreantes caderas. Si es lectura lésbica, lo mismo que antes, salvo que en esta ocasión adolecerá de miembros erectos y torsos apolíneos. Si lo que tenemos entre manos pertenece al controvertido género de la transexualidad… sin duda el plato estará aderezado con paladas y más paladas de dramáticas escenas vejatorias.

Etiquetas y más etiquetas: muros invisibles que, como en un laberinto, restringen nuestro avance e incluso logran que extraviemos nuestro camino

Propongo una idea, disparatada y dudo que socialmente aceptable: planteemos uno, dos, tres personajes, los que la urdimbre precise. Y olvidémonos por un instante, por una única vez, si son hombres o mujeres, si prefieren carne o pescado.

Apartemos de nuestra mente la idea de matar dragones y rescatar princesas, de someter territorios y crear imperios que cambien la faz del mundo. Y quedémonos con que son simplemente personas que desean vivir sus existencias como se les antoje.

Ésta es mi apuesta, mi apuesta Queer. Y la he llamado Ojos de Jade.

Dado que la obra completa fue escrita a lo largo de más de una década, la naturaleza de las relaciones interpersonales de los personajes implicados dista mucho entre sus primeras y últimas páginas. Existe una evolución clara, que se inicia en un típico amorío heterosexual adolescente, y culmina en un emotivo afecto pansexual, englobado en un marcado entorno queer del que participan, en mayor o menor medida, la totalidad de los personajes que intervienen en el guión.

¿Qué quiero decir con esto? Si lo que buscas es una trama definitivamente homosexual entre protagonistas (principalmente lésbica y nacida desde la amistad), no la hallarás de primeras, en Syntyma. Sí comenzada la segunda novela, Naamari, e indudablemente hasta el fin de la tercera, de nombre Kylma.

Sin embargo, recomiendo encarecidamente la lectura de cada una de ellas, no sólo para descubrir la conclusión propia de esta aventura épica, sino también la evolución psicológica y emocional de sus personajes, que de lo único que son culpables es de ser víctimas de sus sentimientos.

La Teoría Queer puede tener cabida en nuestra sociedad. Pero necesita tiempo. Tiempo y una considerable apertura de miras. Quizá leerla entre líneas en el contexto de una novela de ficción consiga ayudar a otros a comprender mejor lo que defiende. Que no es agresiva, no favorece el vicio ni el esperpento… aunque haya, no pocos, quienes deseen autoboicotear este movimiento desde dentro. Tan sólo debería primar el respeto por el individuo, en su propia y única especificidad.

“Hay más cosas en el Cielo y la Tierra, Horacio, que las que sueña tu filosofía”.
William Shakespeare, Hamlet, acto I, escena V.

 

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